Puedes tener una base de datos impecable.

Un análisis bien hecho. Un gráfico claro. Y, aun así, no resolver el problema.

Porque ninguna herramienta corrige una pregunta mal planteada.Por ejemplo:

“¿Cuántas personas participaron?”

Puede darnos una cifra exacta.

Pero quizá la pregunta importante era:

“¿Llegamos a las personas que más lo necesitaban?”

No es lo mismo contar actividad que entender resultados.

Antes de abrir Excel, crear una encuesta o diseñar un cuadro de mando, conviene detenerse un momento:

¿Qué necesitamos comprender y qué decisión queremos tomar después?

La herramienta viene luego.

La primera tarea es hacer la pregunta correcta.

Un buen análisis no empieza con los datos. Empieza con una duda bien formulada.

¿Te ha pasado alguna vez que recibes una respuesta exacta y, aun así, no te sirve?